No
suelo hollar la adusta tierra
en donde un día crecieron los laureles,
prefiero el desierto en que la huella
se vuelve planta fresca en primavera.
Quizá
sea mi condición de marinera
que brega por los mares aguerridos
en donde sortear olas es bendecido
por todo un colofón de albas sirenas.
Me
gusta la mar que adormece
con cantico vetusto cada olvido,
suspiro en medio de la proa
y el viento se lleva mi gemido,
Tal
vez aquella gota cristalina
se vuelva todo un barco de medusas,
una ilusión, que vuela lejos, tan lejos,
en plena carretera de las olas.
be
bj
enero, 2018
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