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lunes, 18 de noviembre de 2024

Qué verguenza...


 

Qué vergüenza ya asumí... Qué tú, nunca me quisiste.

Porvenir aseguraste. Fui tan solo transacción.

No era fea ni bonita, pa las ollas y el fregao.

planchadora, cocinera de puchero y asado.

 

 

Te vestías de etiqueta y escribías cual Neruda

mientras tanto me engañabas con la moza de la uva.

la que esculpe los retratos, con cincel y trementina.

y que un día retrató, a la Virgen de la villa.

 

 

 

No contento con la moza, la cambiaste por artista.

De alfabetos y renglones como no, ella cautiva...

cuando supo, que a buen puerto eso no arribaría.

La artista se alejó, y tu genio cambiaría.

 

 

 

Y después de aquella artista, arribó doña Florinda

Otra vez, tu sucumbiste al llamado de la vecina.

Se arreglaba las arrugas, las pegaba con limón.

y tú y ella coqueteaban, sin pudor y a pleno sol.

 

 

 

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Y aunque a él le molestase, hasta el aire que respiro,

hasta el soplo de un suspiro...El dinero es su valor.

En mi alma ya crecía, esa sed de sinfonía, esa sed de infinitud.

Del que guarda escondido, una firme ilusión.

 

 

 

Aun así, me hice fuerte como el viento. tronador.

Adelante y con valor Me decía, quedamente, cuando la lluvia caía,

sin perder ni un pedacito...ni el más mínimo trocito...

Ni un trocito pequeñito, de este viejo corazón

 

 

Donde danzan los fonemas y se cruzan con morfemas

con brillante luz de día, cual si fueran como un sol.

Desde entonces, vivo alegre, regalando una sonrisa

un te quiero, una caricia , o un trébol o una flor.

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