Qué vergüenza
ya asumí... Qué tú, nunca me quisiste.
Porvenir
aseguraste. Fui tan solo transacción.
No era
fea ni bonita, pa las ollas y el fregao.
planchadora,
cocinera de puchero y asado.
Te
vestías de etiqueta y escribías cual Neruda
mientras
tanto me engañabas con la moza de la uva.
la que
esculpe los retratos, con cincel y trementina.
y que
un día retrató, a la Virgen de la villa.
No
contento con la moza, la cambiaste por artista.
De
alfabetos y renglones como no, ella cautiva...
cuando
supo, que a buen puerto eso no arribaría.
La
artista se alejó, y tu genio cambiaría.
Y después de
aquella artista, arribó doña Florinda
Otra
vez, tu sucumbiste al llamado de la vecina.
Se
arreglaba las arrugas, las pegaba con limón.
y tú y
ella coqueteaban, sin pudor y a pleno sol.
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Y
aunque a él le molestase, hasta el aire que respiro,
hasta
el soplo de un suspiro...El dinero es su valor.
En mi
alma ya crecía, esa sed de sinfonía, esa sed de infinitud.
Del
que guarda escondido, una firme ilusión.
Aun así,
me hice fuerte como el viento. tronador.
Adelante
y con valor Me decía, quedamente, cuando la lluvia caía,
sin
perder ni un pedacito...ni el más mínimo trocito...
Ni un
trocito pequeñito, de este viejo corazón
Donde
danzan los fonemas y se cruzan con morfemas
con
brillante luz de día, cual si fueran como un sol.
Desde
entonces, vivo alegre, regalando una sonrisa
un te
quiero, una caricia , o un trébol o una flor.
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