(A Heriberto
Bravo B.)
No temo a tus besos, tampoco a
tus rosas.
Ni a alguna vecina, que es más
bien chismosa.
Ni a tu atenta prima, que es
bien vanidosa.
Si vuelan bien lejos, como
mariposas.
No temo al sol, tampoco a las diosas.
Ni temo a aquellas, que son ambiciosas.
Ni al viento en verano, ni a las maliciosas.
Qué alzan su voz, por ser venenosas.
No temo a aquellas que son ampulosas.
Ni a esas que son, demasiado fogosas.
Si tú y yo sabemos, que en esta amistad...
¡Se conjuga bien, nuestra afinidad!...
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