domingo, 8 de julio de 2012

Una espiga y un grano de trigo...

Lentamente se va volteando la página
quizá porque se llegue al final de este libro.
No hay célicos cielos que invadan su calma,
¡Es inevitable descender por estos abismos!

Ya no habrán rosas azules,
que deshojar en el crudo invierno
ni palacio vestido de primavera
que construir con cierto tiento,

ni concierto de cigarras azules
en la mesa del picnic de otoño,
ni caricias dulces que reflejen
el sol tibio del estío veraniego.




Pero lo que no ha de morir jamás
es la mirada que en silencio,
aún denota el cariño que se profesan
desde lo más hondo de sus almas

a pesar de los gélidos tiempos,
las mareas, y los áridos desiertos
una espiga y un grano de trigo
que se mecen junto al viento.


be bj

2006

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